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Vicente Arias: El gran desconocido

Pocos son los guitarreros que han logrado dejar su nombre grabado en la historia de la guitarra española, tanto por sus aportaciones como por la calidad de sus instrumentos, basta con dar un paseo por la web para encontrar información y datos biográficos de todos ellos a excepción de uno: Vicente Arias, un guitarrero del que se conoce muy poca información y que hoy le queremos dedicar unas líneas con la intención de acercar al lector a esta enigmática figura y desvelar algunos de los misterios que le envuelven.

(Única foto conocida de Vicente Arias, publicada en Vida Manchega nº 95, el jueves 29-1-1914)

Vicente Arias nace en Alcázar de San Juan (ciudad Real), el 27 de Octubre de 1833. Era hijo de Juan Arias, del que también se sabe que era molinero, y de Bernabea Castellanos. De sus años de infancia y primeros años de juventud hay una gran laguna, puesto que no se tienen datos, pero lo verdaderamente cierto es que nos lo encontramos en el año 1851 (con 18 años de edad) viviendo, todavía con sus padres, en la plazuela de Dominicas en Ciudad Real, quizás como aprendiz adelantado en algún taller de ebanistería.

Vicente Arias era el mayor de seis hermanos. El segundo, llamado Gregorio, había nacido en Daimiel. Después nacerían, ya en Ciudad Real, otras dos hermanas más: Regina y Elisa Francisca Juana. Posteriormente habría otro nacimiento mientras vivían en la calle Mata, 1, sin conocer por ahora el año del natalicio.

Hacia los años 1875 y posteriores, Vicente Arias empieza a ser conocido como ebanista, instalado en la calle Paloma (12 o 14), donde tenia ubicado el taller. Para entonces, había fallecido su padre, pues se sabe que su madre, ya viuda, vivía en la calle del Pilar nº 1, y regentaba un estanco en la calle Arcos nº 12.

Menciona Emilio Puyol que, alrededor de los años 1878-1879, época en la que Vicente Arias ya había adquirido fama como constructor de guitarras, el reconocido guitarrista y compositor Francisco Tárrega le encargó a Arias una guitarra, pero con la particularidad de que fuese un poco más pequeña de lo habitual en la época y poder así adaptarse mejor a sus características físicas y artísticas. Podemos intuir que el resultado obtenido con este modelo más reducido debió ser realmente satisfactorio, pues a partir de este momento empezó a construir todas (o casi todas) sus guitarras en este tamaño, lo que al parecer creó escuela.

 

En el año 1889 se conoce que aún seguía viviendo en Ciudad Real y que continuaba teniendo el negocio en la calle Paloma, pagando 40 ptas. de contribución anual. Al año siguiente, rechaza la fabricación de tres guitarras que le había solicitado un inglés, alegando que había recibido un golpe en su mano izquierda y la tenia dislocada, lo que no le permitía trabajar.

Su fama va en continuo aumento, tanto es así, que en los años 1898 y 1900 su nombre empieza a aparecer en las guías comerciales y Anuarios del Comercio Bailly-Bailliere, como fabricante de guitarras.

Es entre los años 1900 y 1903 cuando debió tomar la decisión de trasladarse a Madrid, pues vendía la mayor parte de sus instrumentos en la capital española, instalando su taller en la calle Santa Isabel nº 20, y su domicilio particular en la calle del Álamo nº 3, donde vivió hasta su fallecimiento, el 19 de enero de 1914.

De la excelente calidad de sus instrumentos, dice el Diccionario de la Música Española e Hispanoamericana, que “sus instrumentos los hizo en su mayoría, en formato más pequeño que la guitarra actual, siendo de los más notables construidos en el siglo XIX y principios del XX”. Sigue diciendo la citada Enciclopedia, que “fue un innovador, pues él fue el que comenzó a reforzar la tapa armónica con cuatro, seis y hasta once varillas radiales en forma de abanico, lo que en aquel tiempo constituyó uno de los más audaces procedimientos constructivos”.

Por la excepcional calidad de su obra, consiguió importantes distinciones y numerosas medallas, como la obtenida en la exposición Universal de Barcelona en el año 1888, e incluso premios internacionales, como el conseguido en la Exposición Universal de París.

Lamentablemente son pocos los instrumentos que de él se conservan, a pesar de ello, sus guitarras desprenden una mística y un encanto consideradas por muchos objetos de culto muy apreciados y valorados por coleccionistas y guitarristas de todo el mundo.

Despedimos estas lineas con un vídeo del maestro Frank Wallace con una guitarra construida por Vicente Arias en el año 1911.